9.5.04

Grupo Lagardère: la pluma y la espada

En un antiguo chiste –bastante malo, por cierto- muy al gusto de ciertas congregaciones religiosas, aparecía San Pedro haciendo un pequeña prueba que habría que superar para entrar en el cielo, para lo que presentaba a las almas un crucifijo y un fajo de dinero: si elegían el dinero se condenarían, y si optaban por el crucifijo tendrían franco el acceso. De pronto, llega uno que ante el dilema decide coger el dinero... y la cruz. San Pedro, perplejo, dice con aire de fastidio: “Vaya por Dios... ¡Otro del Opus!”

Me ha venido a la cabeza este tonto chiste al conocer el imparable avance de Lagardère, que desde el pasado año controla más del 70% de la edición en Francia. El motivo es simple: si contradictorios son los conceptos de cruz y de dinero, más aún son los de libro y armamento. Y es que el grupo Lagardère, líder de la primera industria cultural francesa, la edición, es a la vez uno de los principales constructores mundiales de armamento. ¿Verdad que es impactante?

Lagardère controla sellos editoriales tan importantes como Larousse, Le Robert, Laffont, Julliard, La Decouverte... Algunos de ellos tienen una especial significación por tratarse de editoriales de libros de texto. Es el caso de Nathan o de la mismísima Anaya.

¿Cómo se puede manejar esa esquizofrenia de trabajar por la paz a través de la cultura del libro y al mismo tiempo trabajar para la industria de la guerra a través del desarrollo de armamentos? ¿Cómo puede hacerse creíble un libro de texto que defiende la paz y la convivencia como eje transversal de todo el temario, cuando la empresa propietaria dirige la venta de armamento a escala mundial?

Lagardère se ampara en el fuerte proteccionismo que Francia ejerce sobre su industria cultural para saltarse algunas decisiones antimonopolio dictadas por la UE y para desarrollar una poderosa industria destinada a la exportación (¿de lo que sea?).

Lo cierto es que España es el primer importador de libros franceses. ¿Disponen los lectores de suficiente información? ¿Y los profesores?

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