8.5.04

¿Hay una nueva forma de aprender?

“La generación de los videojuegos está integrada por los hablantes nativos del lenguaje digital de los ordenadores e Internet. Aquellos de nosotros que no hemos nacido en este mundo pero hemos sido, en algún punto tardío de nuestras vidas, fascinados por la tecnología somos, y siempre seremos, inmigrantes digitales”, afirma Mark Prensky, un visionario de la nueva cultura digital. Según Prensky, los niños y adolescentes se mueven en el lenguaje de los videojuegos como si se tratara de su lengua materna. Han nacido rodeados del mundo de lo digital, y por eso los denomina “nativos digitales”. Frente a ellos estamos los inmigrantes, que aunque podamos adaptarnos al nuevo entorno, siempre nos quedará algo de nuestro antiguo “acento analógico”. Por mucho que nos empeñemos, lo digital nunca será nuestra lengua materna.

Entre nativos e inmigrantes hay una enorme discontinuidad cultural, consecuencia del paso de una cultura impresa a una cultura multimedia. Incluso hay quien aventura que se aprecian cambios cognitivos, como la tendencia al procesamiento de la información en paralelo, el acceso a la información desde diferentes perspectivas, el aprendizaje orientado a resolución de problemas o asociado a sistemas de recompensa inmediata.

Alejandra Vallejo Nágera y Roberto Colom [1] sostienen que “el cerebro es un órgano relativamente plástico”, y que “la inteligencia es un atributo que crece y se desarrolla en función de cómo la utilicemos”. Prensky también insiste en que el cerebro es plástico, pero va mucho más lejos. Afirma, por ejemplo, que el cerebro de estos nativos se construye de un modo diferente al de los inmigrantes, porque son distintos los inputs que recibe. De la misma opinión es Andy Clark, director del Cognitive Sciences Program de la Universidad de Indiana, quien sostiene que “nuestro cerebro se modifica profundamente para ajustarse a las prácticas y a las tecnologías del entorno”. Es decir, que las diferentes experiencias provocan una forma diferente de pensar. ¿Será realmente así? ¿Son tan distintos los nativos?

¿Cómo son los nativos digitales?

Los nativos digitales han nacido con la tecnología y asumen que está a su servicio. Por ello usan el medio digital como una extensión de sí mismos. Se sienten cómodos haciendo varias cosas a la vez (proceso en paralelo) y además lo hacen bien, sin que aparentemente haya una pérdida de atención en una de las tareas. Les gusta acceder a la información desde diferentes fuentes y de un modo menos secuencial que nosotros. Al parecer integran mejor la información visual y manejan cómodamente la lógica no lineal. El hipertexto es algo natural para ellos.

Su entorno natural es un mundo desordenado, donde las cosas se aprenden a la vez y solo se recibe información si se solicita. Aprenden sobre la marcha, por ensayo y error: están muy orientados a la acción. Cuando los inmigrantes compramos un nuevo aparato tendemos a mirar las instrucciones antes de ponerlo en marcha. Los nativos no lo hacen así. Ponen en marcha el aparato o el nuevo programa, y confían en que por ensayo y error aprenderán a usarlo, sin miedo a que se rompa. Solo si se encuentran con dificultades buscarán ayuda, generalmente entre sus amigos o en foros de Internet antes que en el propio manual.

Para entender cómo aprenden los nativos la mejor referencia son los juegos de ordenador, un peculiar entorno que obliga al jugador a aprender como parte del proceso. Para mejorar en sus juegos los nativos digitales no utilizan manuales, ni instrucciones paso a paso, porque ralentizaría el juego y lo convertiría en no-juego. La base del aprendizaje es el ensayo-error, el reto y la recompensa. El juego engancha porque se basa en la acción, no en la teoría; exige una frecuente toma de decisiones, ofrece resultados a corto, medio y largo plazo, se adapta al ritmo de cada jugador y ofrece una retroalimentación inmediata.

Frente a la pericia innata de los nativos, los inmigrantes digitales tratamos de aprender el lenguaje tecnológico, pero nuestro fuerte está en la parte tradicional. Para aprender algo necesitamos ir paso a paso, secuenciando los conceptos, ya que hay que conocer unos antes de abordar otros. Y además hemos adquirido la costumbre de construir los nuevos conocimientos sobre lo ya aprendido. No es difícil reconocer a un inmigrante digital: nunca pone en marcha un nuevo aparato sin haber leído el manual de instrucciones, imprime los correos electrónicos, o incluso llama por teléfono para preguntar si ha llegado un correo que acaba de enviar.

Parece claro que somos muy diferentes, pero si además fuera cierto que nuestra forma de pensar es también diferente, habría de seguro profundas implicaciones para la escuela. La pregunta más inocente que se me ocurre es: ¿Servirán las fórmulas de aprendizaje de los inmigrantes para enseñar a los nativos?

Estoy convencido de que hay una nueva forma de aprender. ¿No habrá que cambiar la forma de enseñar?


[1] Alejandra Vallejo-Nágera y Roberto Colom (2004). "Tu inteligencia: cómo entenderla y mejorarla”. Aguilar, Madrid.

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