9.5.04

Química del amor: más iguales, más locos y más ciegos

Una investigación muestra que entre los recién enamorados disminuyen las diferencias hormonales habituales entre los sexos. Otro equipo descubre que el enamoramiento provoca cambios que impiden ver los defectos de la pareja.

“Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus... salvo cuando están enamorados”. Así empieza su curiosa crónica la revista New Scientist, que en el número 2446 recoge los resultados de la investigación de Donatella Marazziti, de la universidad de Pisa.

La doctora Marazziti ha descubierto que en los recién enamorados se reducen las diferencias entre sexos desde el punto de vista hormonal: el nivel de testosterona (hormona sexual masculina) disminuye fuertemente en el hombre enamorado, mientras que el de esta misma hormona crece en su compañera. Es decir, que durante la fase turbulenta del enamoramiento reciente los hombres se hacen menos masculinos y las mujeres se parecen más a ellos.

Al mismo tiempo, durante los seis primeros meses de relación de pareja, el nivel de la hormona del estrés, cortisol, había aumentado de forma notable, tanto en hombres como en mujeres. Este hecho se puede interpretar como el resultado de una evolución natural que tiende a eliminar las diferencias entre hombres y mujeres, porque de este modo es más fácil y profundo el encuentro. "Es como si la naturaleza quisiera eliminar lo que pueda ser diferente entre el hombre y la mujer, porque es más importante sobrevivir y formar pareja en esa etapa”, dice Marazzati.

En 1999 Marazziti ya constató que en los enamorados caen los niveles de serotonina (un neurotransmisor con efecto calmante) muy por debajo de lo normal, dando base científica a la “locura de amor”. De hecho, este bajo nivel de serotonina también se da en las personas con desorden obsesivo-compulsivo. Unos y otros pierden la cabeza, aunque por causas bien diferentes.

Ahora Marazziti ha hecho el seguimiento de los cambios hormonales que se producen en doce parejas de enamorados recientes, midiendo los niveles hormonales en sangre y comparándolos con otros 24 voluntarios sin relación amorosa o con larga relación. Además de la igualación en niveles de testosterona, el equipo de Marazziti descubrió que en los enamorados son más elevados los niveles de cortisol, una hormona productora de estrés, lo que señala la tensión que experimentan ambos sexos en ese estado.

Pero el relámpago amoroso pasa pronto, y una vez pasada esa primera fase intensa, donde las diferencias entre los sexos disminuyen considerablemente, todo tiende a volver a su cauce. Así, en los estudios realizados al cabo de un año, Marazziti comprobó que todos los niveles hormonales se habían normalizado.

Muy curiosos resultan, también, los resultados recogidos por New Scientist de otro equipo de investigación, dirigido por Bartel, que ha descubierto que cuando la gente contempla a su enamorado, se suprimen los circuitos neuronales que normalmente están asociados a la evaluación crítica de otras personas. Esto impide descubrir defectos en el enamorado, y además presta soporte científico a otro dicho popular: “el amor es ciego”.

Para más información:

Crónica de New Scientist

Universidad de Pisa

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