29.11.04

Profesor, a tus zapatos.. (¿o será “a tu tiza”?)

Asistí hace un par de días a un encuentro orientado al intercambio de experiencias en el ámbito de ciencias para Secundaria. Se trataba de compartir buenas prácticas y de valorar su aplicación en el aula. Y en ese contexto me sorprendió enormemente una ponencia que consistió en el pase de un vídeo sobre la percepción. Bueno, más que sorpresa era perplejidad. Porque la novedad no residía en el contenido, sino en el meritorio hecho de que unas profesoras hubieran rodado y realizado ese material (con financiación del MEC).

Como es lógico el resultado era más bien mediocre: una grabación casera, con recursos gráficos muy limitados y locución de amateur. Pero, ¿qué importa eso? Los profesores que asistían a la presentación aplaudieron el esfuerzo, aunque era más que improbable que alguno llegara a usar ese material, primero por su confuso enfoque didáctico y segundo por la inexistencia de un plan de difusión.

Estas cosas solo pasan en la educación. Sería inverosímil que el ministerio de Agricultura, por ejemplo, financiara a sus ingenieros para fabricar macetas, o que el ministerio de Sanidad ofreciera años sabáticos entre sus médicos para actividades tales como la fabricación de vendas. Sería como mínimo un despilfarro injustificable de los recursos públicos. Pero entre médicos e ingenieros no se da esta situación porque, por fortuna, valoran su misión profesional y rechazarían cualquier actividades que consideren por debajo de su perfil profesional.

Pero con los profesores no pasa esto. A diferencia de otros profesionales desconfían de la importancia de su misión –nada menos que educar a los futuros ciudadanos y ciudadanas- y se aferran desesperados a todo tipo de tareas técnicas propias de otros perfiles profesionales. Así, hay muchísimos profesores con licencias de estudios para aprender programas informáticos como Flash, Photoshop o Linux, tal vez con la esperanza de encontrar en la informática la seguridad que han perdido en el contacto con sus alumnos. Mal debe estar la profesión docente cuando ocurren estas cosas, pero peor deben andar las autoridades académicas cuando incentivan estas prácticas esperpénticas, con el efecto perverso de alejar al profesorado de su verdadero cometido: atender a sus alumnos.

Si el objetivo del ministerio hubiera sido extender las experiencias de especial interés a otras aulas para estimular la innovación educativa, no debería sacar del aula a los mejores profesores, sino poner a su disposición a un buen equipo profesional de técnicos y de editores que aporten valor a la creatividad docente y la difundan con calidad y profesionalidad.

Todo lo demás es voluntarismo, mediocridad y sobre todo ineficacia. Cuando veía la película que habían preparado tan esforzadamente ese grupo de profesoras pensaba en lo que se habían perdido sus alumnos en ese tiempo. Y lo peor era la escasa rentabilidad educativa del esfuerzo, porque la financiación no daba para difundirlo. Por tanto, todo quedaba en un trabajo artesanal que ni siquiera utilizarían las propias autoras, demasiado creativas como para encorsetarse en algo tan secuencial.

Claro que puede que el ministerio asuma las inversiones en estos proyectos de tan discutible valor educativo no como innovación, sino como una válvula de escape frente a la presión del aula. Puede que sí resulten eficaces en este sentido, aunque habría que evitar enmascararlos con tanta supuesta innovación y de paso, preguntar al profesorado si en vez de aprender Flash o macramé no preferiría unos tratamientos gratuitos en un balneario. A lo mejor cuestan lo mismo y resultan más eficaces.

7.11.04

La mala educación científica. Encuesta sobre percepción social de la ciencia

Recojo algunos datos de las conclusiones de la segunda Encuesta Nacional sobre Percepción Social de la Ciencia y la Tecnología. El estudio, basado en 3.400 entrevistas, fue encargado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), y realizado por TNS-Demoscopia

- Dos de cada tres españoles reconoce que durante su etapa escolar recibió un bajo o muy bajo nivel de educación científica y técnica. La mayoría opina que un mayor conocimiento científico y técnico mejoraría su capacidad para tomar decisiones importantes.- Los asuntos de medicina y salud encabezan la lista de los campos de investigación más valorados (3,7 puntos sobre 5), seguidos por cuestiones sobre alimentación y consumo (3,55). En consonancia con ello, los médicos y los científicos encabezan el ranking de los grupos profesionales que más contribuyen al bienestar de la sociedad, por delante de profesores, ingenieros o informáticos. Los médicos y los científicos son también los colectivos que mayor confianza inspiran a los ciudadanos al tratar cuestiones técnicas o científicas.

- Los encuestados consideran que los dos campos del avance científico que más han contribuido a mejorar la calidad de vida son los trasplantes de órganos (4,55 puntos) y las telecomunicaciones (4,46). Las prioridades en investigación deberían ser la búsqueda de soluciones al cáncer (77%), al sida (47%) y a las enfermedades degenerativas (34%), seguidas por las enfermedades cardiovasculares, la salud mental y la diabetes.

- Los entrevistados asocian la ciencia y la tecnología a valores de progreso, bienestar, poder, eficacia e incluso riqueza, pero reconocen que ambas disciplinas van asociadas a riesgos como dependencia, desigualdad, elitismo e incluso deshumanización. La sociedad española considera que son necesarios mecanismos de control social sobre las mismas. Este tipo de control social ha de ser especialmente fuerte en aquellas investigaciones que tengan que ver con la innovación armamentística y la energía nuclear.

El interés de estas encuestas reside en ofrecer indicios sobre las expectativas y los temores del ciudadano, aunque hay que descontar siempre el “deber ser” que contamina las respuestas. Baste una pequeña perla para apreciarlo: según el estudio, los temas que más interesan a los españoles son medicina y salud, alimentación y consumo, medioambiente, muy por encima de los espectáculos, los deportes, la cultura, los sucesos o la economía. La política y la vida de los famosos ocupan puestos inferiores. Evidentemente, los encuestados son de los que solo ven en TV los reportajes de la dos.