6.1.05

La ciencia aclara la "neutralidad" de Tintín

¡Feliz año! Llevaba mucho tiempo sin escribir en esta bitácora, y no porque me faltaran motivos para reflexionar ante mi dudosa audiencia, formada por lectores dudosamente interesados en contenidos que probablemente lleguen a sus pantallas gracias al ciego afán de una araña de búsqueda. No era falta de motivos, sino de tiempo, y ya se sabe: “primum vivere, deinde filosofare”.

Pero en fin, aquí estoy de nuevo tras descubrir, con la misma ilusión que la de un infanzón parvulario, los regalos de los Reyes Magos, quienes, dicho sea de paso, son los únicos monarcas que merecen todos mis respetos y a los que gustosamente rindo pleitesía cada seis de enero. Bien por ser razonablemente bueno, bien porque el carbón es un bien escaso, los Reyes me han traído varias cosas: ropa de la que yo nunca hubiera elegido, pero que siempre acaba convirtiéndose en mi preferida, algunos libros y una figura de Tintín, que en este momento me observa con sus pies colgando desde el borde del estante de libros. Obviamente, los Reyes han acertado: sufro esa tintinofilia tan común entre la generación de cuarentones.

Hay quien se empeña en comparar a Tintín con Peter Pan, por esa juventud permanente, pero nada tiene que ver el joven reportero con ese insulso personaje de gorrito verde que no quería crecer. Es cierto que todos nos hemos preguntado por qué Tintín no ha crecido de estatura en sus 75 años de vida, o por qué no le ha crecido la barba, o no le han salido canas. Y a todos nos ha llamado la atención que en sus aventuras nunca manifestara ni la más remota emoción sexual, ni se relacionara con chicas. Y no han faltado los malpensados que veían algo más que ingenuo compañerismo en la costumbre de rodearse de amigos adolescentes en sus aventuras. Pues bien, la ciencia sale ahora en ayuda del reportero para resolver el enigma de su eterna juventud... y de su neutralidad sexual.
Destaco esto de “la ciencia” para tranquilizar al lector que ya empezara a lamentar haber llegado hasta aquí, alimentando la sospecha de estar ante una reflexión superficial, incluso frívola. Nada de eso. El professor Claude Cyr, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sherbrooke en Québec, ha hecho un detenido estudio de las posibles causas de la eterna juventud de Tintín –con la ayuda, eso sí, de sus hijos Antoine y Louis-Olivier- y, pásmense, la ha encontrado. El sesudo informe ha sido publicado en el boletín de diciembre de la prestigiosa revista de la Canadian Medical Association, bajo el “sugerente” título: "Acquired growth hormone deficiency and hypogonadotropic hypogonadism in a subject with repeated head trauma, or Tintin goes to the neurologist". Cyr concluye en su artículo que la juventud de Tintín puede explicarse por los innumerables golpes en la cabeza y pérdidas de conocimiento que el reportero sufrió a lo largo de sus emocionantes aventuras. Tintín perdió el conocimiento en al menos cincuenta ocasiones, lo que desde el punto de vista médico es una causa más que probable de déficit hormonal y de disfunción de la glándula pituitaria.

O sea, que Tintín sufre una enfermedad profesional comparable, pongo por caso, a la silicosis, el saturnismo, la asbestosis o, más en la onda de actualidad, a la que se ensaña con la población de jóvenes inmigrantes, obligados -sin la preparación imprescindible- a encaramarse en los andamios más peligrosos, a cavar en zanjas mal consolidadas o a descender a pozos sin ventilación. La ciencia lo deja claro; como consecuencia de repetidos accidentes traumáticos, “Tintín tenía una deficiencia de la hormona del crecimiento e hipogonadismo hipogonadrotópico (una dolencia de la glándula pituitaria también denominada síndrome de Kallmann)”. Al parecer, esta dolencia permite explicar el retraso en el crecimiento en estatura, el retraso de la pubertad y sobre todo la falta de libido de Tintín. Es decir, la “neutralidad” de Tintín era una mera inhibición del deseo sexual motivada por tantos coscorrones.

Quien haya quedado atónito ante esta "revelación científica" y se defienda con la lengua de Molière, encontrará una entrevista con Cyr en Radio Canada y un breve artículo en Le Monde.