6.3.05

Una lección de modestia: nuestro futuro está escrito en los genes de una mosca

Ginés Morata, bioquímico español, acaba de recibir el Premio México de Ciencia y Tecnología como reconocimiento a su trayectoria en el campo de la biología del desarrollo, un galardón que se suma a otras dos grandes distinciones que se conceden a la investigación en España: el Premio Nacional «Santiago Ramón y Cajal» y el Rey Jaime I.

Tenía varias referencias de Ginés Morata, pero no lo conocí personalmente hasta el pasado mes, aprovechando que Morata impartía un ciclo de conferencias sobre la biología del desarrollo. Sus finas observaciones fueron todo un torpedo en la línea de flotación de la autoestima de la especie humana: compartimos casi por completo el mapa genético de la modesta mosca del vinagre, hasta el punto de que muchas enfermedades genéticas se pueden estudiar en ese organismo tan próximo a nosotros, que es un auténtico laboratorio para el dolor humano. No es necesario decir cómo queda en este contexto el fundamento genético de las razas humanas: simplemente no se puede hablar de diferencias; la genética nos uniformiza e iguala a todos en nuestra base biológica más esencial. ¡Para que luego nos vengan con errehaches y otras simplezas!

Morata se refirió al espinoso asunto de la duración de la vida. Describió algunos experimentos que prolongaban significativamente la vida de la mosca, y especialmente la de una especie de lombriz. Básicamente había tres vías para prolongar la vida de esta lombriz: en primer lugar, la vía de la insulina; al reducir la cantidad de alimento la producción de insulina descendía y modificaba ciertos mecanismos bioquímicos, que finalmente daban como resultado una mayor longevidad. Lo mismo ocurría cuando se mantenía al animal en un entorno frío, que reducía la velocidad de los procesos vitales, y también cuando eliminaban la actividad sexual y extirpaban las gónadas. Combinando las tres acciones el resultado era espectacular: en términos comparativos con una persona, la vida se prolongaba hasta unos 250 años, y algunos casos llegaba a los 325.

Claro que es una prolongación de vida un tanto incómoda: hambre, frío y abstinencia sexual. Uno de los asistentes planteó con ingenio la pregunta que todos teníamos en la cabeza:
“Profesor, dice usted que la lombriz vive más si no come, si pasa frío y si no copula. ¿Realmente vive más o es que el tiempo se le hace mucho más largo?”
Morata, que no sería la primera vez que se enfrenta a una pregunta similar, le contestó:
“Tal vez esté usted confundiendo la impotencia con la castidad”.


Bueno, fuera de anécdotas, es muy de agradecer la actitud de un científico de prestigio internacional que desciende a la incómoda arena a presentar al ciudadano de a pie, de primera mano, los logros, las esperanzas y los fracasos de la ciencia. Poco puede sorprender que la firma de un científico de la talla de Morata figure entre las del grupo de prestigiosos científicos que firmaron el «Pacto por la Ciencia», una llamada desesperada a los políticos para que la investigación española recupere el estímulo necesario y la inversión necesaria.

Por añadir algo de su biografía, Ginés Morata fue discípulo de García Bellido, y tras varias estancias en centros de Suiza y Reino Unido, regresó al Centro de Biología Molecular, uno de los centros españoles con más prestigio internacional, dependiente del CSIC pero integrado en la Universidad Autónoma de Madrid, del que fue director. Todavía hoy sigue profundizando en sus trabajos sobre la mosca del vinagre. Como científico, se cumple una vez más lo de que “sabe casi todo sobre casi nada”, pero en este caso hay que añadir que como persona desborda ese molde y se proyecta “sobre casi todo”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Conozco a humanos que deben tener bastante menos genes que la mosca del post.

Lunas da Silva Machado dijo...

É interessante observar estes tres pressupostos da longa vida: reduzir a ingestão de alimentos, e consequentemente passar uma certa fome, passar frio e reduzir a velocidade dos processos vitais, e abter-se de atividades sexuais.
Para quem pensa e que viver no presente, para o presente, e consequentemente gozar intensamente a vida, tal vida não é digna de ser vivida. É sem sabor.
Mas, para aqueles que apreciam o fluir da vida no corpo material, e que acreditam que esta vida é única, valorosa intrinsecamente, tais inforções são ouro puro. Podem ajudar aos que querem viver mais tempo. Portanto, gastar energia com os processos digestivos em consequência de alimentar-se em demasia e gastar energia com a sexualidade, podem se contraprodutivos para os que querem viver mais.
Já no tocante a viver em um ambiente frio, isto vai depender, para muitos, assim como para mim, que vivo no nordeste do Brasil, no momento, de uma mudança para ambientes frios.
São, entretanto, dicas valiosas porém muito duras e difíceis de serem seguidas.