30.8.05

Patatas fritas: peligro indefinido

Mira que nos lo tienen dicho:
“Todo lo que nos gusta o es caro, o engorda o es pecado”.

Pero hombre, uno se aferra a sus trazas de ingenuidad para creer que habrá algún resquicio en esta absurda regla. Pues no, tarde o temprano nos vienen con la penitencia en forma de michelines, de notificación del banco o, lo que es peor, de amenaza de cáncer, la presentación contemporánea del purgatorio.

Y eso es lo que pasa con las patatas fritas, ese modesto alimento que atrapa nuestra voluntad en cuanto lo probamos. Barato, nutritivo, sencillo de preparar... pero con muchos aguafiestas empeñados en castigar nuestro paladar. Hace dos o tres años se detectó la presencia de acrilamida, una peligrosa sustancia que suele formarse en tratamientos a elevadas temperaturas de alimentos con almidón en presencia de grasas, como sucede al freír la patata.

Bueno, el calor no solo genera sustancias cancerígenas en la patata. También hace años ya saltó la voz de alarma en Estados Unidos al descubrir que el máximo exponente de su “sofisticada” cocina nacional, la barbacoa, provocaba la aparición de cancerígenos en las zonas requemadas de la carne –que sí, las más sabrosas; si ya lo venía diciendo...-, también por la elevada temperatura en la superficie de contacto.

Pero las patatas fritas han ido acumulando más y más pruebas de cargo, como la noticia de Reuters de este mes de agosto que asociaba el elevado consumo de patatas fritas en los niños con una mayor incidencia de cáncer de mama al hacerse adultos.

Y eso que la U.S. Food and Drug Administration (FDA) no acaba de tenerlo claro.

“La acrilamida puede producir cáncer en animales de laboratorio en altas dosis, pero no está claro que los bajos niveles presentes en los alimentos puedan provocar cáncer en humanos.”

Por si acaso, hay quien ha puesto el carro delante de los bueyes y se ha puesto a regular el asunto. Bueno, la cosa es que los californianos, guiados por la astuta batuta de Arnold Schwazennager, muy pronto encontrarán en todo tipo de bolsas de patatas fritas mensajes que alertan del peligro potencial de este alimento.

Conociendo al Gobernador, imagino que serán mensajes sutiles, como los que aparecen en los paquetes de tabaco:

“Comer patatas puede matar.”

Y es que las patatas comparten con el tabaco ese punto de adicción. Una vez que tomas la primera, ya no hay quien pare hasta terminar la bolsa. No es para tomarlo a broma, que una cosa es la acrilamida y otra más seria son los americanos. No me parece mal que nos avisen de los riesgos; lo que me preocupa es que tarde o temprano querrán salvarnos.

Ya lo estoy viendo: zonas reservadas para devoradores de patatas fritas, dispensarios de gusanitos para consumidores enganchados a las chips y obligación de servir los perritos calientes con tiras de zanahoria. En fin, que me veo comiendo el huevo con patatas cocidas. Si al menos diera el presupuesto para acompañar los cachelos con “pulpo a feira...”