9.11.06

Lingotes por palabras

Hay cambios de uso que levantan el ánimo.

Uno muy reciente es la ocupación de la antigua sede del Banco Central por el Instituto Cervantes. Una sede de lujo, a un tiro de piedra de Cibeles, noble y espaciosa. Nada menos que 18000 metros cuadrados para sus trescientos empleados, lo que a razón de 60 metros cuadrados por funcionario, duplica prácticamente una “solución habitacional básica”.

Sin ironías, queda bien la placa de “Instituto Cervantes” sobre el edificio de las cariátides. Impacta el cambio, aunque a poco que uno lo piense, es bastante lógico. El único sentido de dedicar estos grandes templos a los banqueros es porque pueden pagarlo, no porque su actividad lo merezca.

Pero lo que más impacta es imaginar el nuevo uso de su legendaria cámara acorazada, que cambiará lingotes de oro y caudales no siempre confesables por verdaderos tesoros de nuestra lengua y nuestra cultura. Lingotes por palabras, ¿no es asombroso?

Otro cambio de uso, de menor enjundia pero igualmente saludable, que me viene a la mente es el del antiguo arcón de caudales de la Universidad de Salamanca. Un gran baúl con cinco llaves que dejó de custodiar los dineros universitarios para proteger tesoros culturales, como una bellísima Toráh de pergamino que el bibliotecario, Pedro Rincón, me enseñó con reverencia.

El cambio de uso más deseado

Puestos a soñar, el cambio de uso que me produciría más emoción sería el de las plazas de toros. Me cuesta entender la complacencia social ante el anacronismo de esos cosos de tortura. ¿Cómo se puede defender el bochornoso espectáculo de sufrimiento y muerte con argumentos culturales?

Reconozco que hace falta valor para romper con estos atavismos, y que nuestra clase política tiene demasiado apego al escaño como para atreverse a acabar con una crueldad tan absurda como patética. Por eso tengo escasas esperanzas de ver las plazas de toros reconvertidas en rockódromos, o auditorios o palacios de deportes, o zonas verdes como testigos mudos de su cruenta historia.

Y si me apuran, me conformo con la opción más verosímil desde el punto de vista económico, la de convertir las plazas en centros comerciales. Esta es la valiente opción tomada para la plaza de toros de Las Arenas, en Barcelona, que pronto albergará bajo su piel neomudéjar un gran centro comercial.

Puede que tras esta decisión, en la que intervino decisivamente Ezquerra, hubiera un interés electoralista -el de romper con los vestigios del españolismo más casposo-, y que ese interés primara sobre el del respeto a seres que comparten con los humanos una buena parte de su ADN, pero poco importa. El resultado es positivo y debería servir de estímulo a las mentes adormecidas de otros políticos. ¿Cambiar tortura por rebajas? ¡Lo compro!