9.3.08

De vuelta a la caverna

Mira que lo siento. En mi anterior post alabé sin condiciones lo que interpreté como una vuelta a la cordura de (o a la objetividad, tal vez) de un medio como ABC en relación con EpC, pero, lamentablemente, el editorial de hoy de este periódico retoma la aburrida cantinela de siempre, visceral y casposa. No soy lector habitual de ABC, pero he seguido con simpatía el viaje al centro que con tanto esfuerzo acometió el anterior director, José Antonio Zarzalejos, que, si bien supuso una gran pérdida de lectores, también generó una ganancia neta en términos de ética periodística, de calidad informativa y de credibilidad.

¿Hay línea editorial en ABC o mero oportunismo? Porque cuesta creer que el editorialista que hace unos días afirmaba que “si algo falla en la educación en España, por encima incluso del aprendizaje de contenidos, es la transmisión de valores cívicos y morales”, cargue ahora contra una asignatura que pretende formar en esos mismos valores. Sorprende que el editorial de hoy se congratule del anuncio de “exención de la asignatura [EpC] para todos los objetores” en la Comunidad de Madrid, y que afirme, sin pudor, que “los escolares madrileños se van a librar de este adoctrinamiento ideológico.”

Por si fuera poco, el editorial aplaude sin condiciones la reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía -“cargada de argumentos razonables y buen sentido jurídico”- que daba la razón a unos padres objetores. Pero da esta información aislada, con fuerte sesgo, y con la omisión, sorprendente, de dos hechos muy significativos. Primero, que antes de la sentencia del TSJA se han producido otras, la última en Asturias, en sentido contrario. Segundo, que la sentencia del TSJA ha producido mucho malestar en ámbitos jurídicos, tanto en el propio tribunal andaluz como en el Supremo. ¿El motivo? Por un lado, que se haya dictado una sentencia sobre la objeción a EpC sin someterla al pleno de la Sala, como correspondería a un asunto de tanta repercusión social. Por otro, que el ponente de la sentencia del TSJA sea, precisamente, el hijo del presidente de honor del Foro de la Familia, la organización que ha liderado el movimiento de objeción contra EpC y que, además, ha prestado apoyo letrado gratuito a los padres objetores. ¿No se aprecia cierto olor a podrido?

La justicia no solo debe ser honesta, sino, además, parecerlo. Al margen de la validez legal de la decisión judicial del TSJA, que no puedo discutir, es dudoso que ese fallo se hubiera producido en caso de una impugnación, más que justificada, del ponente, o del razonable paso por el pleno. Es decir, que la cacareada sentencia no es trigo limpio, o no lo parece. Su éxito se sustenta en el fracaso de los controles básicos de la acción judicial y, manchada como está, no debiera sentar jurisprudencia; carece, a mi juicio, de la suficiente autoridad ética.