4.1.09

Los tortuosos caminos de la "infoxicación"


Esta mañana me he desayunado con un destacado titular de El País -El Vaticano asegura que la píldora anticonceptiva contamina y causa infertilidad masculina- que, de forma refleja, ha puesto en guardia todas mis defensas -"¿El Vaticano? ¿Otra vez en este lodazal? ¿Será cosa del Papa? ¿No tendrá cosas más relevantes de las que ocuparse, como la crisis económica o la invasión de Gaza?"-, pero una llamita de esperanza me ha recordado que se trataba del País, donde el indiscutible nivel de calidad informativa aún no ha resuelto ese tic de anticlericalismo irracional que parece formar parte de la identidad del medio.

Así que, con cierta prevención, sigo leyendo. Ya en la entradilla se adivina que la declaración del Vaticano no procede de declaraciones del Papa, ni de una encíclica o una carta pastoral, ni siquiera de nadie de la curia, sino de un modesto artículo del “médico español José María Simón Castellví”. Pero antes de darme tiempo a respirar tranquilo –“¡otra vez los del País! No aprenderé nunca...”- el periodista retoma machaconamente el fondo del titular:
El Vaticano ha vuelto a arremeter contra con los métodos anticonceptivos y asegura que la píldora tiene consecuencias devastadoras para el medio ambiente y es una de las causas de la infertilidad masculina...
Y por fin, ya a mitad del texto, soy capaz de recomponer la situación:
En un artículo publicado este sábado, el español José María Simón Castellví, presidente de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), asegura que los anticonceptivos orales, que comúnmente se conocen como "la píldora", pueden tener efectos abortivos y son devastadores para el medioambiente, ya que a través de la orina se liberan toneladas de hormonas.
Bueno, ya me quedo más tranquilo. No es sino una información de un médico, se ve que no muy amigo de los anticonceptivos orales, en un medio vaticano. Parece sesgada y poco relevante. Supongo que este médico habrá tomado algún dato objetivo y lo habrá llevado a su terreno opinativo, incorporando, de su cosecha ideológica, una buena dosis de alarmismo –“a través de la orina se liberan toneladas de hormonas...”-.

Y quiere la casualidad de que el siguiente medio con que me despacho sea Tendencias 21, en el que “curiosamente” -hace tiempo que dejé de creer en las casualidades- aparece un titular que me ha recordado la información anterior (vaya usted a saber por qué): La píldora puede ocasionar defectos genéticos en la vida salvaje. El breve artículo se hace eco del descubrimiento de unos investigadores de la Universidad de Idaho sobre los graves daños genéticos que provoca el 17a-etinilestradiol -estrógeno sintético que se utiliza en las píldoras anticonceptivas y que llega a la naturaleza a través de la orina humana- en la especie de la trucha arco iris.

Ya me va quedando más claro, pero he preferido ir a la web de la universidad de Idaho, para conocer su propia versión. Y la hay; bajo un titular bastante menos apocalíptico que el del País -How Flushing Toilets Can Cause Genetic Defects in Wildlife- explica que hace varios años se detectó que el agua contaminada con 17a-etinilestradiol dañaba las poblaciones de la trucha arco iris, y que ahora habían descubierto los mecanismos de esa acción, que acaban de publicar en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Las truchas que han entrado en contacto con agua contaminada pueden presentar trisomía, un número anormal de cromosomas. Esta condición se encuentra frecuentemente en células cancerígenas, causa el síndrome de Down en humanos y, en el caso de la trucha, produce una reducción drástica de la supervivencia de los embriones de esta especie, que pasa del 95% a la mitad, en aguas contaminadas.

James Nagler, director de la investigación, explica que el 17a-etinilestradiol resulta muy difícil de eliminar en las plantas de tratamiento, por lo que pasa finalmente al medio. Añade Nagler que esta investigación abre el interés hacia otros muchos estrógenos sintéticos, aparte del 17a-etinilestradiol, que se encuentran en los detergentes, los pesticidas y otros productos cotidianos, y que pueden afectar a los animales que usan el agua contaminada, incluidos los humanos.

De modo que detrás del llamativo titular “El Vaticano asegura que la píldora anticonceptiva contamina y causa infertilidad masculina” se esconde un modesto, y casi escatológico “Cómo puede el agua residual causar defectos genéticos en la vida salvaje”. Todo ello amplificado interesadamente primero según el sesgo “anticontrol de la natalidad” de un médico y luego según el sesgo anticlerical del País. Como ejercicio de intoxicación informativa, no está nada mal.

2.1.09

Un flash metafísico en el concierto de Año Nuevo

Pues sí, me gusta iniciar el año escuchando el concierto de la filarmónica de Viena. Y reconozco que más de una vez he “dirigido” a la orquesta de la pantalla, vigilando, eso sí, la batuta del director de turno. Hay quien escenifica la música con una plasticidad fascinante -el paradigma era Karajan- y es un espectáculo en sí mismo. Pero este año el concierto corría a cargo de Daniel Barenboim, cuya forma peculiar de llevar la orquesta, tanto más pasiva cuanto más intenso era el tempo de la composición, logró despistarme desde el inicio. Resulta que cuando la orquesta atacaba una polka, Barenboim retenía su batuta y mantenía una actitud casi estática, marcando tan solo algunas entradas y finales. Sin embargo, cuando le tocó el turno al delicado vals de Joseph Strauss “El sonido de las esferas” -Sphärenklänge- Barenboim recurrió a un fraseo detallado, acompañando el compás y guiando cada gesto de los músicos, hasta dar la sensación de que sobreactuaba.

El colmo fue cuando llegó “Bajo truenos y relámpagos” -Unter Donner und Blitz-, cuyo ritmo frenético impide permanecer estático. ¿Cómo se puede dirigir esta polka de brazos caídos, sin más instrucciones que marcar el inicio? De pronto, un pequeño gesto nervioso -su pie derecho seguía visiblemente el compás mientras el resto del cuerpo mantenía la rigidez ante la orquesta- me dio la clave. Comprendí de pronto que la pasividad de Barenboim era forzada, una verdadera actuación para demostrar su dominio escénico. Los movimientos de Barenboim no respondían al dinamismo de la composición, sino a la dificultad que presentaba a los músicos. Por eso podía atacar una polka sin moverse, y por eso pudo dirigir la Marcha Radetsky mirando exclusivamente al público. Pero ante la complejidad de Sphärenklänge no tenía otra opción que acompañar con celo cada compás.

Un gran director, en la orquesta y en la vida, no es quien necesita marcar cada movimiento a su equipo, sino quien logra los máximos resultados con gestos mínimos. Dicho de otro modo, un gran director no necesitaría bajar a los detalles, y le bastaría, si acaso, con marcar el inicio y el final. Esa economía de gestos es proporcional a su autoridad, de modo que un director omnipotente casi no debería hacer nada para que todo tuviera lugar, tanto si se trata de una melodía clásica como de la mismísima sinfonía de la creación.

No exagero. Un director omnipotente se despacharía la sinfonía de la creación con una completa teoría del todo, capaz de explicar las singularidades iniciales que acabarían desplegándose en estrellas, planetas, bosques y mosquitos. En realidad, los físicos de partículas, aunque tratan de huir de la idea de un gran director, creador del universo, se esfuerzan por lograr una síntesis primordial que permita abarcar en unas órdenes mínimas toda la creación. De momento, los cosmólogos han llevado su síntesis a cuatro fuerzas fundamentales y a tres familias de partículas, convencidos de que un universo con estas pocas reglas acabaría por desplegarse hasta generar cosas tan complejas como la mente humana o tan sutiles como un vals. Pero siguen viendo demasiada complejidad en este modelo. ¿No debería haber una única interacción fundamental que al desplegarse progresivamente diera lugar a todo lo que conocemos?

De hecho, algunos físicos dicen que el LHC es una máquina del tiempo, porque permitirá acercarse al Big Bang, al instante cero del universo. No será fácil, porque el acercamiento es asintótico, con una dificultad que crece exponencialmente a medida que nos acercamos al instante inicial. Pero podríamos ir -mentalmente, claro- un poco más allá de ese instante. ¿Qué orden fue necesaria para que toda la sinfonía se pusiera en marcha? ¿Y quién la dio? En realidad, los físicos del LHC son, sin saberlo, los modernos teólogos de nuestro tiempo. Porque cuando logren la gran unificación, la teoría del todo, la foto inicial del momento inicial del universo inicial, se preguntarán, inevitablemente, por el autor de esa instrucción mínima que dio lugar a un conjunto de procesos encadenados que llevaron, en esta primera mañana de 2009, a ese bellísimo Sphärenklänge.