4.11.12

Twitter: ¿un instrumento para alimentar egos?

Ironiza Fernando García en su blog de El País -“¿Cuántos tuits hacen falta para vender un ebook?”- sobre el estereotipo del conocido “gurú de Internet” que dispara ráfagas de tuits a la velocidad de la luz, sobre noticias que materialmente no ha podido leer. A lo sumo, puede conocer los titulares y las entradillas. Y lo peor es que, inmediatamente, un ejército de followers retuitea la noticia, seguramente también sin haberla leído, la recomienda e incluso la destaca como interesante.

Es fácil sospechar que muchos retuiteos se producen solo por el titular de la noticia o por la fuente, sin que realmente se haya accedido a la página enlazada o al artículo tuiteado. Como prueba, Fernando García cita a “una especialista en Social Media que trabaja para una editorial” quien le asegura que los retuits de un artículo determinado suelen triplicar las visitas a la página donde se encuentra dicho artículo.

En el mismo sentido iba un comentario de Eduardo Prádanos -“Confirmado: no nos leemos lo que tuiteamos (Caso real)”- en el que contaba una divertida anécdota: al publicar su columna semanal en un medio, hubo un problema y se lanzó un tuit de la noticia sobre un enlace roto; por tanto, era imposible acceder a la noticia, pero esto no impidió que poco después ya hubiera muchos tuits recomendándola, incluso con comentarios tipo “+1” o “muy interesante”. Pero era evidente que nadie había podido leerla.

Se ve que, en términos de notoriedad, un buen titular vale mucho más que un buen artículo. Es decir, que en la red social lo importante no es la noticia, sino la reputación social que uno construye a base de retuiteos y referencias cruzadas.

No, si va a resultar que la reputación social es más importante que el contenido y que Twitter, en vez de proporcionar alimento intelectual, básicamente alimenta egos.

30.6.12

¡Que vuelve la reválida!

El Gobierno comunicó ayer, tras el Consejo de Ministros, su intención de instaurar una especie de reválida - parece que este nombre no gusta al ministro- al final de todas las etapas educativas, es decir, exámenes nacionales externos que han de pasar todos los alumnos para poder continuar estudiando. Según Educación estas pruebas externas servirán, entre otras cosas, para diagnosticar los resultados de los centros y poder establecer así planes de mejora.

Los exámenes externos permiten un control público de la educación, lo que evitará las opiniones interesadas sobre el supuesto regalo/compra de notas en centros privados y concertados. Aportan transparencia y ayuda a pedir responsabilidades a centros y a administraciones. La selectividad ya venía aportando este control universal externo, con su doble cometido de marcar estándares y servir de paso a la universidad. Este segundo objetivo ha perdido gran parte de su vigencia, porque son muchas las carreras que no necesitas notas de corte más allá del aprobado. Por tanto, parece razonable separar el objetivo de prueba universal -que asumiría la reválida- del objetivo de prueba de acceso, que quedaría a la discreción de las facultades que necesiten responder a un exceso de demanda.

Fuera de este aspecto de control público que aportan las reválidas, todo lo demás son inconvenientes.

"Para que la selección sea justa, todos harán el mismo examen: por favor, trepen a ese árbol."
Por un lado, el modelo de prueba externa condicionará la forma de trabajo en el aula de los cursos previos. Si la prueba se hace, como parece, sobre contenidos específicos de materias instrumentales, los centros que orienten su metodología hacia tendencias más innovadoras deberán replegar todo su repertorio de metodologías -paletas de inteligencias múltiples, proyectos de comprensión, desarrollo de competencia digital…- para salir bien situados en la foto final de la prueba. La evaluación es lo que más condiciona todo el desarrollo educativo. Si se quiere que los profesores usen el ordenador en la clase de matemáticas, basta con incluir una prueba sobre Geogebra o Derive en las PAU, y todos los docentes de bachillerato serán expertos en estos programas en pocos meses. Porque en contra de lo que malévolamente se insinúa repetidamente en muchos medios, los profesores buscan, ante todo, el éxito de sus alumnos, y si el éxito exige manejar el ordenador, les enseñarán a manejarlo.

Otro inconveniente serio es que el alumno no pueda continuar si suspende la prueba. Si esto le ocurre a un alumno de primaria, por ejemplo, deberá repetir 6ºsi no ha repetido antes ningún curso. Si ya ha repetido antes, podrá pasar a secundaria con una prescripción de apoyo escolar. Este es un aspecto polémico, porque la repetición de curso es una solución cara y muy ineficiente, y además, no está nada claro de dónde saldrán los recursos para el apoyo escolar. Pero el mayor problema viene de la selección del alumnado: quedarán fuera, como ya ocurría en el pasado, todos aquellos alumnos cuyo perfil intelectual no corresponda al lingüístico-matemático que priorizan las pruebas.

Sé bien de lo que hablo, porque tengo el dudoso honor de pertenecer a la última promoción que pasó por las reválidas de bachillerato elemental y de bachillerato superior, y la primera que se tuvo que enfrentar al examen de la Selectividad. Fue una etapa en la que la selección de alumnos era una práctica habitual, creando clases muy homogéneas y de alto rendimiento en lo estrictamente académico, y dejando fuera a una inmensidad de alumnos con talento, aunque con algunas dificultades en las áreas instrumentales, por cierto, priorizadas por la nueva reforma. Un auténtico despilfarro y una gran injusticia.

Pensando en muchos de mis antiguos compañeros, recuerdo este proceso como una dramática selección del alumnado, una auténtica sangría de talento potencial. Primero fue el examen de Ingreso, a los diez años, necesario para acceder al bachillerato elemental. Esto ya dejaba fuera a un grupo importante de alumnos que deberían continuar en la escuela primaria hasta los catorce años u optar por la Maestría Industrial, germen de la actual Formación Profesional. Después, a los catorce años, tuvimos que enfrentarnos al examen de reválida de bachillerato elemental. Era un examen complicado, de los cuatro cursos anteriores, y había que superarlo para poder acceder al bachillerato superior. Por si la selección fuera poca, al acabar sexto de bachillerato había que superar una nueva reválida (la de bachillerato superior) para acceder al Preu o, en mi caso, al COU. Según dice Gimeno Sacristán, estas reválidas “servían solo para estrangular el acceso a la educación: un 50% suspendía la reválida de Bachillerato Elemental, y un 43% la del Bachillerato Superior.” No hubo más remedio que suprimirlas.

Espero que nuestros políticos sepan analizar y aprovechar las lecciones del pasado para no repetir los mismos errores. Necesitamos avanzar en la senda de la excelencia educativa, pero sin perder las cotas de equidad que ha alcanzado nuestro sistema.

25.6.12

La ciencia es cosa de chicas, a pesar de la Comisión Europea



Por increíble que parezca, el ataque más letal que recuerdo contra la mujer científica viene de la misma Comisión Europea. Una costosa campaña hace poco más de una semana para que las chicas se interesen más por la ciencia, resultó ser una exhibición de frivolidad. La estética de los mensajes juega con lo superficial, con mensajes del mundo de la moda y de la cosmética, hasta el detalle del lápiz de labios sustituyendo a la I de SCIENCE en el lema:

Pero lo peor fue el vídeo promocional, todo un compendio de superficialidad al más casposo estilo misógino. ¿Cómo se puede insultar a sí a esas mujeres que sostienen los proyectos científicos en todo el mundo? Como era de esperar, el vídeo levantó tal ola de protestas que pronto fue retirado, pero es fácil encontrarlo en la red. El rotativo The Guardian propuso en twitter como hashtag del día ‪#realwomenofscience‬ para compensar por la aberración del ‪#sciencegirlthing.

Al principio se especuló que era una travesura de mal gusto de unos hackers, pero pronto la Comisión justificó la campaña, explicando que pretendía mostrar a las mujeres que la ciencia es divertida. O sea, para que no haya dudas, es una campaña premeditada y pagada con el dinero de todos los europeos. La duda que ahora surge es: ¿En manos de quién estamos? ¿Quién lleva el timón de esta Europa?

La ciencia no necesita ayudas como esta. Si queremos más mujeres científicas necesitamos una apuesta decidida desde el colegio (discriminación positiva) y un sistema de becas pre y posdoctorales de calidad. Y sobre todo construir una imagen moderna de la mujer científica que prime la feminidad, sí, pero de su inteligencia, su capacidad y su profesionalidad.

El sorprendente hallazgo de fósiles de tortugas copulando

Los neurocientíficos explican que en situaciones de pánico se activa la amígdala en el sistema límbico y esto desencadena un conjunto de mecanismos orientados a enfocar todos los recursos del organismo hacia la defensa o la huída: aumenta la presión arterial y el nivel de glucosa en la sangre, el corazón bombea más deprisa y se detienen las funciones no esenciales, como el sistema inmunológico, pero también se interrumpe la digestión o el crecimiento de las uñas y, por supuesto, todo lo relacionado con la excitación sexual.

Por eso es tan difícil encontrar fósiles de animales copulando, salvo en casos de insectos que quedaron atrapados por una gota de resina sin posibilidad de reacción. Ahora la BBC se hace eco de una noticia mucho más sorprendente: el hallazgo de tortugas fosilizadas durante la cópula hace 47 millones de años.

Es la primera vez que se encuentra algo así en vertebrados. Se trata de la especie Allaeochelys crassesculpta, ya extinta. La hipótesis que manejan los investigadores es que las tortugas fueron sorprendidas por una erupción volcánica en el lago donde habían iniciado la cópula, murieron en el acto y luego fueron sepultadas por los sedimentos del lago hasta convertirse en fósiles. Hay quien sostiene que no fue todo tan rápido, sino que las tortugas murieron en las aguas envenenadas inconscientes del peligro, en pleno trance amoroso. O sea, que no les funcionó la amígdala, y eso se paga caro.

4.5.12

The 'botijo' revisited


Parecía que sobre el botijo ya se había dicho y hecho todo. Pero no, faltaba una sofisticación más.

Este sencillo artilugio, que forma parte de los estereotipos del mundo rural y era imprescindible para la supervivencia en los veranos tórridos de la meseta, ya tenía su espacio en el ámbito académico, y lo estudiábamos en las clases de termodinámica para ilustrar procesos espontáneos de carácter endotérmico. (Para quien quiera profundizar en este particular, recomiendo un celebrado artículo sobre la termodinámica del botijo, rebosante de erudición).

Ahora un diseñador de BMW, Stephan Augustin, ha desarrollado una variante de este refrigerador primitivo con una finalidad más elevada: preservar los alimentos mediante esta refrigeración natural. La versión moderna del botijo manchego, llamada terracooler, tiene la base replegada hacia dentro, de modo que forma una concavidad cuya temperatura puede ser un 40% inferior a la temperatura ambiente. Nada nuevo para los aficionados a beber agua fresca en este artilugio, pero una idea extraordinaria para mejorar la conservación de los alimentos en zonas muy deprimidas del tercer mundo.

El resultado es una especie de campana rellena de agua que, colocada sobre los alimentos, los mantiene en un entorno refrigerado y protegido. La reducción térmica es consecuencia de la evaporación del agua a través de la cerámica porosa del botijo, digo terracooler. Como es lógico, la evaporación es más intensa y la refrigeración más eficiente en entornos cálidos y secos.

El autor del invento, premiado por la fundación BMW, lo ha cedido para que sea utilizado libre y gratuitamente. Como es fácil de fabricar -alfarería tradicional- y fácil de mantener -sin cables ni wifis- este método de refrigeración es barato y sostenible, y ofrece una buena alternativa para la preservación de alimentos en zonas con escasos recursos.

Así se construye la ciencia.

25.3.12

Orgasmos femeninos en el gimnasio y otros sumideros por los que escapa la credibilidad de la ciencia

¿Será una casualidad o una pauta cada vez más presente? Busqué en Google una interesante columna, leída años atrás, sobre estereotipos y lugares comunes que impregnan muchas investigaciones científicas. Lo que me hizo recordar este artículo fue un titular del telediario en torno a una de esas absurdas investigaciones de “una prestigiosa universidad americana” con objetivos irrelevantes, que prefiero no recordar, sin mayor ambición intelectual que la mera confirmación de lo obvio. Era la confirmación, una vez más, del síndrome del Captain Obvious que parece atacar a muchos investigadores.


El artículo criticaba ese tipo de investigaciones estúpidas, que erosionan los cimientos de la credibilidad científica y que tanto eco encuentran en los medios. Pero los hechos son tozudos, y al lado mismo del artículo buscado -Leer engorda, firmado por Edurne Uriarte en 2008-, destacaba un titular “científico” más reciente y llamativo: Las mujeres tienen orgasmos en el gimnasio (sin sexo)”. No era la opinión de un redactor perspicaz, sino el resultado de una sesuda “investigación de una prestigiosa universidad”. Un urgente clic sobre el explosivo enlace confirmó que estaba ante un nueva evidencia, una más, de esa ciencia mal planteada, acrítica y banal que llega a los medios.

Este artículo, el de los orgasmos, se hace eco de un trabajo “de la Universidad de Indiana”, publicado en una revista científica especializada, que ha demostrado “que el inocente ejercicio físico puede conducir al clímax femenino. En concreto, hacer abdominales, trepar por una cuerda, el spinning o levantar pesas pueden provocar esos placenteros y totalmente inesperados efectos secundarios.” Y por si fuera poco, el estudio apostilla que hay una máquina especialmente eficaz para este cometido -la silla del capitán-, que según los investigadores “proporciona los mejores momentos”.  

El alcance intelectual de este trabajo merece incorporarlo a lo más florido de ese género por el que escapa la credibilidad de la ciencia. Los Premios Ig Nobel se destinan, precisamente, a parodiar este tipo de demostraciones de la banalidad.  El Ig Nobel de Fisiología de 2011, por ejemplo, se concedió en el pasado mes de octubre en Harvard a Anna Wilkinson, Natalie Sebanz, Isabella Mandl y Ludwig Huber por su estudio «Ausencia de evidencia de contagio del bostezo en la tortuga terrestre de patas rojas».


Es cierto que de investigaciones aparentemente triviales surgen descubrimientos interesantes, pero no está mal un poco de crítica sana a la investigación trivial, que tantos recursos consume. Pero en un momento de restricciones presupuestarias hay que intentar cerrar esos grandes sumideros por los que escapa la credibilidad científica. Según Edurne Uriarte, son tres los principales desagües de dicha credibilidad:
1.      La demostración de obviedades, en todos los campos científicos.
2.      El estudio de tonterías.
3.      La corrección política, que constituye el desagüe que más determina la labor científica y mejor pone de manifiesto las limitaciones de la ciencia: “El miedo, el pánico, a llevar la contraria a las modas políticas e ideológicas, muestre lo que muestre el método científico. No espere usted grandes provocaciones intelectuales por parte de los científicos. Espere más bien conclusiones perfectamente equilibradas con las convicciones morales e ideológicas más asentadas. Si Al Gore y el calentamiento global son, por ejemplo, quienes triunfan entre las creencias populares, pocos científicos osarán adentrarse en el camino de la impopularidad llevando la contraria al vídeo de Gore.”

Lo peor de estas investigaciones banales no es solo el descrédito que arrojan sobre una ciencia tan necesitada del apoyo social, sino el enorme coste de oportunidad que llevan asociado, al distraer recursos escasos de otros grandes proyectos de la ciencia, muy necesarios para el progreso de la sociedad y del conocimiento, para llevarlos al territorio de la irrelevancia aunque, eso sí, con una gran popularidad en los medios. Daños colaterales del analfabetismo científico que nos invade.

8.3.12

Pioneras de la ciencia, en el día de la mujer trabajadora

He vivido siempre rodeado de mujeres trabajadoras, auténticas heroínas del día a día, especialistas en encajar infinidad de tareas en una agenda saturada. He aprendido mucho de ellas, y he intentado -e intento- copiar, con escaso éxito, esa eficiencia insuperable, que las lleva a aprovechar al máximo cada instante, sin concesiones a una dispersión –procrastinación, dirán los psicólogos- que medra con éxito entre en el sexo masculino.

Reconozco que siempre han sido un ejemplo para mí, y hoy, día de la mujer trabajadora, me permitiré homenajearlas en la persona de Irene Joliot-Curie, una gran científica, aunque más conocida por sus apellidos -su madre, Marie Curie, y su marido, Frédéric Joliot, eran científicos reconocidos-  que por sus sobresalientes méritos propios.

Destaco a Irene por ser pionera en el mundo de la física y de las matemáticas, en un momento en que estos campos del conocimiento eran exclusivos de los hombres. Es verdad que siguió un camino allanado por su madre, Marie Curie, y que, al igual que ella, recibió un Nobel (su madre obtuvo dos) y tuvo una hija, Helena, que también alcanzó un gran prestigio científico. Irene también murió por leucemia, como su madre, probablemente por el trabajo con material radiactivo.

Todas estas mujeres trabajadoras, pioneras de la ciencia, abrieron amplios senderos en un territorio hostil, pero su conquista no se ha completado. A pesar del enorme avance de la mujer en las últimas décadas, aún está lejos de ocupar el espacio que le corresponde en las ciencias y en las matemáticas.

Acabo de leer un pequeño informe del Banco Interamericano de desarrollo (BID) que constata una vez más, con nuevos datos, la brecha que existe entre las niñas y el mundo de las ciencias y de las matemáticas, una brecha que aumenta con la edad. Es una brecha casi universal, con honrosas excepciones, como Singapur, donde el desempeño de las niñas en estas áreas iguala o supera el de los niños, lo que demuestra que las diferencias en el rendimiento en áreas científicas no tienen que ver con cuestiones de capacidad, sino con niveles distintos de motivación y de expectativas.
Los estereotipos negativos sobre las mujeres en ciencias son responsables de las bajas expectativas de las chicas, pero también la escuela tiene su buena parte de responsabilidad. Un informe del que me hacía eco en un antiguo post -“Hace falta más discriminación positiva en matemáticas y ciencias”- ponía en evidencia que los estereotipos hacen que los profesores de estas áreas, subconscientemente, tiendan a infravalorar a las chicas, lo que lleva a una reducción de sus expectativas y baja su nivel de rendimiento. Es decir, los estereotipos condicionan el rendimiento académico de las mujeres en las áreas científico-técnicas y alimentan su rechazo hacia carreras de matemáticas y física.
¿Qué hacer? Es necesario determinar cómo podemos abordar este problema a través de la educación, recurriendo a una fuerte discriminación positiva que destaque y estimule la aportación de las mujeres en los ámbitos científicos. Como decía en el citado post, hay que construir, con urgencia, el mensaje de que “la ciencia es cosa de chicas”.

4.3.12

Cristales ordenados temporalmente, posibles máquinas de movimiento perpetuo



En una entrada de hace años me referí al Nobel Frank Wilczek como un gran creativo de la física, y la verdad es que, en este sentido, nunca decepciona. Este profesor del MIT, famoso por sus trabajos en cromodinámica cuántica (QCD), la teoría que explica el micromundo existente dentro de las llamadas partículas elementales, vuelve a poner las leyes de la Física patas arriba con su más reciente teoría, en la que presenta un sorprendente tipo de cristal –time crystal- que a diferencia de los cristales convencionales no ofrece regularidad en el espacio, sino en el tiempo. Sería una nueva organización de la materia en la que la estructura se repite periódicamente en el tiempo, a diferencia de la periodicidad espacial de los cristales convencionales.

La inspiración le llegó mientras impartía un curso sobre la teoría de grupos, una disciplina matemática que usan los químicos para describir la estructura de los cristales y los físicos para describir las simetrías inherentes a las familias de partículas elementales. No debe extrañar que una mente divergente como la de Wilczek junte visiones de ambos mundos y de ello surja una teoría absolutamente disruptiva.

Wilczek se planteó si el concepto ordinario de cristal 3D podía ampliarse a 4D, cuatro dimensiones, al incorporar la dimensión temporal, pero pronto surgieron consecuencias sorprendentes. Un cristal temporal debería constituir un estado de mínima energía y esto plantea una contradicción: por un lado, si el sistema tiene energía mínima no puede moverse, salvo que extraiga energía adicional del entorno, hasta volver de nuevo a un estado de mínima energía, inmóvil; pero por definición, un cristal temporal debe cambiar para romper la simetría de traslación en el tiempo.

Es decir, que si Wilczek tiene razón, su cristal temporal sería un auténtico móvil perpetuo, una de esas máquinas cuyos diseños proliferaron en el siglo XIX hasta que fueron terminantemente prohibidos por las oficinas de patentes. Claro que, a diferencia de lo que pretendían aquellos ingenios imposibles, que violaban la tercera ley de la termodinámica, sabemos que no sería posible extraer energía del perpetuum mobile de Wilczek. Nadie es perfecto.