4.11.12

Twitter: ¿un instrumento para alimentar egos?

Ironiza Fernando García en su blog de El País -“¿Cuántos tuits hacen falta para vender un ebook?”- sobre el estereotipo del conocido “gurú de Internet” que dispara ráfagas de tuits a la velocidad de la luz, sobre noticias que materialmente no ha podido leer. A lo sumo, puede conocer los titulares y las entradillas. Y lo peor es que, inmediatamente, un ejército de followers retuitea la noticia, seguramente también sin haberla leído, la recomienda e incluso la destaca como interesante.

Es fácil sospechar que muchos retuiteos se producen solo por el titular de la noticia o por la fuente, sin que realmente se haya accedido a la página enlazada o al artículo tuiteado. Como prueba, Fernando García cita a “una especialista en Social Media que trabaja para una editorial” quien le asegura que los retuits de un artículo determinado suelen triplicar las visitas a la página donde se encuentra dicho artículo.

En el mismo sentido iba un comentario de Eduardo Prádanos -“Confirmado: no nos leemos lo que tuiteamos (Caso real)”- en el que contaba una divertida anécdota: al publicar su columna semanal en un medio, hubo un problema y se lanzó un tuit de la noticia sobre un enlace roto; por tanto, era imposible acceder a la noticia, pero esto no impidió que poco después ya hubiera muchos tuits recomendándola, incluso con comentarios tipo “+1” o “muy interesante”. Pero era evidente que nadie había podido leerla.

Se ve que, en términos de notoriedad, un buen titular vale mucho más que un buen artículo. Es decir, que en la red social lo importante no es la noticia, sino la reputación social que uno construye a base de retuiteos y referencias cruzadas.

No, si va a resultar que la reputación social es más importante que el contenido y que Twitter, en vez de proporcionar alimento intelectual, básicamente alimenta egos.

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