25.12.07

PISA: el “gran hermano” de la OCDE

“¡Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado!” concluye con pasión Pérez Reverte un duro artículo en el País Semanal, donde ataca sin contemplaciones a políticos, pedagogos y todos cuantos han tenido en sus “manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años.” Su crítica, no exenta de demagogia, se ensaña con la torpeza de quienes han extirpado de las aulas “el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas.” Pero sobre todo se centra -y en esto comparto plenamente su opinión- en la arrogancia incomprensible de los responsables políticos, su autocomplacencia imbécil y su falta absoluta de autocrítica.

Daban la razón a Pérez Reverte los ponentes del MEC que, el pasado miércoles 19, en la presentación oficial de los resultados de PISA, se esforzaban denodadamente por buscar lecturas laterales que relativizaran, cuando no ensombrecieran, los demoledores resultados del informe. Presumían de los buenos datos de España porque, decían, si aportáramos a nuestro país el diferencial socioeconómico que tiene con el resto de la OCDE, los resultados del examen estarían ligeramente por encima de la media. ¡Hermosa utopía! Además, metidos en su rol de "cla" de la administración, abundaban en los logros de los últimos años, insistiendo en que la educación pública en España era demasiado joven para pedirle excelencia; tan solo existía desde la democracia.

Ante enfoques tan superficiales comprendo -y comparto- el cabreo monumental de Pérez Reverte, porque no es tolerable justificar todas las ineficiencias de nuestro sistema educativo con el burdo sambenito del «retraso histórico». De hecho, la escuela pre-LOGSE, selectiva y excluyente, garantizaba un nivel de excelencia mayor, pero no seré yo quien alabe aquel sistema de ingresos y reválidas, en la que solo un pequeño grupo de alumnos prematuramente seleccionados podía progresar. ¿Qué mérito tiene el éxito académico en un sistema que solo trabaja con los más capaces? Aparentemente no había fracaso, porque los alumnos menos brillantes ya habían sido previamente excluidos.

La escuela comprensiva de la LOGSE fue un logro social sin precedentes, aunque su puesta en marcha haya sido difícil y sus reformas y ajustes exijan un análisis fino y realista de informes internacionales como PISA. Sus amenazas vienen tanto del papanatismo abonado al “todo tiempo pasado fue mejor” como del oportunismo de políticos mediocres y demás “pedabobos” empeñados en cocinar los datos objetivos para ocultarlos bajo estadísticas favorables.

Es una lástima que la ceguera de unos y la cerrazón de otros impida hacer una lectura positiva del informe. Y, sin embargo, la hay, como puso de manifiesto Andreas Schleicher, responsable de PISA, en ese mismo foro. Schleicher dio muchas pistas de mejora, que pasaban por la atención personalizada, por la creación de expectativas de éxito en los alumnos, en sus familias y en los centros, y por la asunción de verdadera responsabilidad –“no es lo mismo que autonomía”- en los centros educativos. Pero la presentación de Schleicher puso de manifiesto la existencia de una gran brecha entre nuestro modelo y el de PISA. No hablo de un gap en las finalidades educativas, sino en algo tan básico como el propio concepto del esfuerzo y de la responsabilidad.

Es un problema cultural, que rebasa políticas e ideologías. De hecho, es curioso que el único punto de acuerdo entre la popular LOCE y la socialista LOE sea la reivindicación de la “cultura del esfuerzo” -entendida unánimemente como esfuerzo del alumno- como base de toda mejora educativa. Sin embargo, Schleicher ofreció un planteamiento divergente e inesperado. Sí a la cultura del esfuerzo, vino a decir, pero entendido como esfuerzo de cada profesor, de cada centro y del propio sistema por lograr que los alumnos progresen. Es decir, la principal responsabilidad no recae en el alumno, como muchos reivindican, sino en el profesor y en el centro.

En ese mismo sentido, ayer me sorprendió un profesor, sindicalista de STES, con un comentario magistral:
“Si quieres ver cómo mejora la educación pública, y sin gastar un solo euro más, exige que los profesores pasen realmente en el centro las 35 horas semanales, y no solo las horas en que les toca dar clase.”

No parece una locura, aunque dudo que se atreva a mantener esta misma tesis en el sindicato. ¿Qué gobierno se atrevería a exigir algo así? Es más fácil seguir cocinando datos y enmarañando estadísticas.

6.12.07

Los chimpancés nos superan en algunas capacidades intelectuales (y esto no va del informe PISA)

¡Vaya jarro de agua fría para nuestra especie, tan pasada de autocomplacencia y de “incontinencia de ego”! Resulta que en una amplia batería de pruebas experimentales, llevadas a cabo por investigadores de la Universidad de Kyoto, los chimpancés de cinco años demostraron tener mejor memoria numérica que los estudiantes universitarios. Y como explica el director del estudio, Tetsuro Matsuzawa, el experimento no deja margen para la casualidad:


«Hay mucha gente, incluidos muchos biólogos, que cree que los humanos somos superiores a los chimpancés en todas las funciones cognitivas. Nadie podía imaginar que chimpancés de cinco años tuvieran más habilidad memorística que los humanos. Demostramos por primera vez que tienen una habilidad extraordinaria para recordar números, mayor que la de los humanos adultos que hicieron la misma prueba».
Frente a la actividad frenética de los simios, respondiendo compulsivamente y sin cometer un solo error (¡qué envidia!), impresiona el desconcierto de los estudiantes, su aire empanado y su incapacidad absoluta de recordar más de dos números seguidos. El nipón Matsuzawa insiste en que se sometió a los jóvenes chimpancés y a los humanos adultos a las mismas pruebas y “siguiendo el mismo procedimiento". Pero aquí, entre nosotros, tengo que decir que el procedimiento no fue del todo igual. Si se observan los vídeos de las pruebas, se aprecia sutilmente que cada acierto de un chimpancé es reforzado con un cacahuete que dispensa la máquina. Pero no hay evidencias de que con los universitarios se hiciera lo mismo, por aquello de igualar las condiciones experimentales. Es más, estoy seguro de que en lugar de cacahuetes debieron ofrecerles, con toda probabilidad, unos chupitos de absenta o unas chinas de costo barato, única forma racional de entender su comportamiento. Porque la otra explicación que me queda es que hayan sido seleccionados para la prueba por la misma empresa que hace el casting de Humor Amarillo. No, sería demasiado. Es más creíble que Tetsuro Matsuzawa, en cruzada personal contra el antropocentrismo, haya decidido hacer harakiri a nuestra especie con el método científico.

Sea lo que fuere, el artículo publicado en la revista Current Biology acaba radicalmente con la idea universal de que el ser humano es superior en todas las funciones cognitivas, y recuerda que, probablemente, hemos subestimado la capacidad intelectual de los antepasados más cercanos de la especie humana.

Se ve que nos falta un hervor evolutivo

El experimento consistía en mostrar a los diferentes sujetos, humanos y simios, valga la redundancia, varios números del 1 al 9 en una pantalla táctil. Posteriormente, los números eran reemplazados por una casilla en blanco y los participantes debían señalar qué número aparecía, dónde y en qué orden. Participaron en el experimento tres hembras de chimpancé y una cría de cada una de ellas. Los chimpancés jóvenes demostraron tener mejor memoria que sus madres y que los humanos: memorizaron la mayoría de los números, independientemente del tiempo que estos aparecían en la pantalla, que era cada vez menor, a medida que avanzaba la prueba. Por su parte, los estudiantes universitarios fueron mucho más lentos que los seis simios en su respuesta y, además, dieron peores resultados cuanto menor era el periodo de tiempo que el número se presentaba en la pantalla.

Una lección de humildad

El mentado Tetsuro Matsuzawa interpreta estas observaciones a través de lo que llama "imaginería eidética", una capacidad especial de recordar cosas oídas y vistas en una escena compleja con un nivel de detalle casi perfecto. En filosofía, la palabra "eidética", procedente del griego 'eidés', se refiere al conocimiento intuitivo de la esencia. ¡Pues va a ser eso!

Pero para el resto de los mortales, entre los que me incluyo, bastaría con asumir con humildad franciscana que todavía tenemos mucho que aprender de nuestros hermanos del reino animal, que están más cerca de nosotros de lo que nos interesa pensar. Interesante lección para los taurinos, que enmascaran con cinismo cursi -arte, cultura, nobleza, valor...- la tortura ritual en un coso anacrónico; o para modistos y peleteros, empeñados en arrancar -literalmente- la piel a unos animales para que otros luzcan su palmito.

Sirva el trabajo de Matsuzawa para recordar la necesidad de respetar a los animales, de perseguir penalmente la crueldad innecesaria -aunque se disfrace de arte, de moda o de experimentación médica-, y de exigir un trato digno, especialmente con los destinados al sacrificio. Es lo mínimo que se puede pedir para quienes se dejan algo más que la piel por nosotros.

Si no es por cercanía hagámoslo, al menos, por si Tetsuro Matsuzawa, con tozudez nipona, consigue colar a sus chimpancés en las próximas pruebas PISA y los pone a competir con nuestros alumnos de 15 años. Solo de pensarlo me dan escalofríos.

Vídeos sobre el experimento:

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