20.12.05

¿El tamaño? ¡Vaya si importa!

Estaba seguro, pero me faltaban pruebas, datos concluyentes. De hecho, recibí la noticia de New Scientist con un punto de apatía, no más allá de un flemático gesto de confirmación. “¡Pues claro! –pensé- No podía ser de otra manera...”

Me refiero –perdón por el olvido- al artículo Mating system and brain size in bats, publicado en los -supongo prestigiosos- Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, que demuestra, todo lo fehacientemente que se pueden demostrar estas cosas, que un gran cerebro va asociado a unos testículos pequeños, y viceversa.

¿¿¿........!!!
Bueno, sí, es cierto, el descubrimiento se ha producido en murciélagos, no en humanos, pero si ya es pequeña la diferencia entre los genomas del hombre y de la mosca, qué podemos esperar del genoma del murciélago, un mamífero tan dotado de atributos como el más pintado. Vamos que no es cosa de buscar diferencias por un quítame allá esos genes.

Reescribir la historia

Lo sustancial es que tras un minucioso estudio de 334 especies de murciélagos, los científicos han observado que en las especies donde las hembras son promiscuas, los machos han desarrollado grandes testículos, pero tienen pequeños cerebros, y que en especies donde las hembras son monógamas, la situación es la inversa.

¿Qué puede derivarse de este descubrimiento? Para algunos, que una relación monógama es más exigente para el cerebro (quizás demanda más imaginación). Para otros, que los testículos crecen cuando existe mucha demanda de esperma.

Pero yo creo que esta relación de proporcionalidad inversa entre el tamaño del cerebro y el de los testículos es muy significativa. Al fin y al cabo, se trata de una ley empírica que conecta los dos órganos –cerebro y testículos- que han marcado casi todos los hitos críticos en el devenir de la humanidad. Basta echar un vistazo a nuestra historia para comprender que estos órganos han ido alternándose en la dirección estratégica del mundo, siempre, eso sí, con abrumadora dominancia de los testículos.

Un alivio para más de uno

¿Recuerdan el chiste de Bill Gates (Billy Puertas para los amigos)? ¿El de su noche de bodas? Sí, cuando se desnuda ante su mujer y ésta le dice, patidifusa:

Honey! Ahora entiendo el porqué del nombre de tu empresa:
MICRO... ¡y SOFT!
Pues ahora, tras la lectura de esta investigación, podría haber un final diferente para la situación, bastante más ventajoso para Gates:

Honey... Nunca hubiera imaginado que fueras tan... ¡tan inteligente!

Y es que expresiones que solo respondían a pura envidia - del tipo “mucho músculo, poco cerebro”- adquieren ahora un aire científico.

Testículos y cerebro son competencia directa. Parece ser que el tejido cerebral y las células de esperma requieren mucha energía metabólica y compiten para conseguirla, lo que lleva a una preferencia de desarrollo de un órgano frente al otro. Algo así como “el uso hace al órgano”. O dicho de otra manera, dime cómo actúas y te diré qué órgano desarrollas.

O sea, que llevando esto al extremo podría pensarse que la inteligencia tiende a ser máxima cuando los testículos tienden... ¡a cero! Hete aquí a la ciencia puntera tocando las pelotas al macho carpetovetónico (valga la redundancia).